Booking y Expedia ante la encrucijada de IA agéntica

Los grandes asistentes de IA (ChatGPT, Gemini, Claude) están cambiando cómo los viajeros descubren opciones, formulan necesidades y toman decisiones. En este nuevo escenario, gana peso la IA agéntica: sistemas capaces de entender intenciones complejas y ejecutar acciones por el usuario. En turismo —y especialmente en hotelería— el impacto puede ser enorme por tratarse de un sector transaccional, recurrente y de alto valor.

Tras un 2025 en el que se han asentado piezas clave para habilitar integraciones entre asistentes y comercios (con frameworks como MCP ), 2026 apunta a ser el año de la adopción real, tanto del lado del usuario como del lado de los proveedores. Eso abre una pregunta incómoda para las grandes OTAs: ¿pueden permitirse quedarse fuera de este nuevo “punto de inicio” del viaje?

Por qué Booking y Expedia podrían entrar

  • Capturar demanda incremental: los asistentes atraen perfiles que hoy no llegan a las OTAs (viajeros con necesidades complejas, que no saben por dónde empezar o que abandonan procesos tradicionales por falta de contexto).
  • Cambio de interfaz: el usuario migra hacia experiencias conversacionales y multidioma más fluidas, donde se resuelven dudas y se acompaña la decisión de forma más natural.
  • Menos dependencia de rendimiento: si la intención del viaje nace cada vez más en asistentes, las OTAs podrían diversificar la adquisición y reducir la exposición a grandes plataformas de captación.
  • Evitar que otro actor ocupe el espacio: si Booking/Expedia no se integran, otros pueden hacerlo (bancos de camas, distribuidores, GDS modernizados o incluso cadenas hoteleras), especialmente si la integración se vuelve más sencilla.
  • Interdependencia inevitable: los asistentes necesitan inventario y transacción confiable; las OTAs necesitan estar presentes donde empieza la intención del usuario. Ninguno “gana” solo.

Por qué podrían resistirse

  • Pérdida de relación directa con el cliente: si el asistente se convierte en la interfaz principal, la marca OTA pierde el control del funnel y parte del vínculo con el viajero
  • Riesgo de canibalización y mayor coste: una parte importante de su volumen actual llega por tráfico propio; si la capa inicial la controla un asistente, podría encarecerse la adquisición.
  • Comoditización: si el asistente prioriza “lo mejor para el usuario”, las OTAs podrían diferenciarse menos y competir casi solo por precio/disponibilidad.
  • Datos y fidelización en juego: compartir preferencias, historiales o señales de fidelización con terceros puede afectar a uno de sus activos más estratégicos.
  • Control, regulación y percepción del mercado: integrarse en plataformas externas añade incertidumbre (ranking, visibilidad, reputación, reacción de inversores).
Un movimiento defensivo clave: conversación dentro de la OTA

Si las OTAs quieren negociar desde una posición sólida —o incluso retrasar su entrada— necesitan reforzar su propio canal conversacional (lenguaje natural, multidioma, contexto y resolución real). Si no lo hacen, la migración hacia asistentes generalistas se acelera y el “inicio del viaje” se les escapa.

¿Qué escenario parece más probable?

Todo apunta a un modelo híbrido: la IA captaría intención e inspiración, mientras las OTAs aportarían inventario, contenido contextual y ejecutarían la transacción final, con acuerdos mínimos sobre datos y coherencia de resultados. Ese equilibrio puede ser frágil, pero es el encaje más plausible a corto plazo.

Conclusión: la amenaza no es la IA en sí, sino llegar tarde. En un ecosistema aún en construcción, la capacidad de adaptación temprana puede definir quién mantiene la relevancia… y quién queda relegado.


Fuente/Autor del artículo : Pablo Delgado , CEO América en Mirai. "


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