Cubastroika: Cuba apuesta al turismo para abrir su economía

En un contexto de crisis económica profunda y tensiones geopolíticas crecientes, Cuba vuelve a ocupar el centro de la escena internacional. Esta vez, no solo por su deterioro macroeconómico, sino por un posible giro estructural que podría transformar su modelo productivo y, especialmente, su industria turística.

El concepto de “Cubastroika” —acuñado por USA Today en alusión a la perestroika impulsada por Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética— sintetiza un eventual proceso de apertura económica que buscaría transferir mayor protagonismo al sector privado y al capital extranjero, con el turismo como punta de lanza.

Un modelo agotado y el turismo en caída

El punto de partida es crítico. El turismo, principal fuente de divisas de la isla, atraviesa uno de sus peores momentos en décadas. En enero de 2026, Cuba recibió apenas 184.833 visitantes internacionales, el nivel más bajo en al menos 13 años, excluyendo el período pandémico .

La caída no es coyuntural. En 2025, el país apenas superó los 1,8 millones de turistas, muy lejos de los más de 4 millones que supo recibir antes de la pandemia . Factores como la crisis energética, la reducción de vuelos, la presión de Estados Unidos y el deterioro de la infraestructura han erosionado la competitividad del destino.

Apertura forzada: inversión extranjera y turismo como eje

En este escenario, el gobierno cubano —encabezado por Miguel Díaz-Canel— comenzó a reconocer negociaciones con Washington, algo que hasta hace poco negaba. 

Las medidas en análisis incluyen permitir que ciudadanos cubanos en el exterior inviertan en el sector privado, así como la apertura a capital extranjero en sectores estratégicos como turismo, energía y minería. Este punto resulta clave para la industria de viajes: por primera vez en décadas, cadenas hoteleras estadounidenses como Marriott, Hilton, Hyatt o Wyndham podrían ingresar de manera significativa al mercado cubano.

De concretarse, el impacto sería inmediato: renovación de infraestructura, mejora en estándares de servicio y reposicionamiento del destino en el Caribe, donde hoy compite en clara desventaja frente a polos consolidados como Punta Cana o Cancún.

Un tablero geopolítico que condiciona el negocio

Sin embargo, la “Cubastroika” no puede analizarse sin su contexto político. Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio fue tajante: las reformas “no son suficientes” y exigió cambios estructurales más profundos .

En paralelo, el presidente Donald Trump ha combinado elogios al potencial turístico de la isla con declaraciones de fuerte presión política, incluyendo la posibilidad de una “toma de control amistosa” .

Este escenario genera un alto nivel de incertidumbre para los actores del travel industry. Si bien la apertura podría desbloquear inversiones millonarias, también expone al destino a riesgos regulatorios, sanciones cruzadas y volatilidad diplomática.

Oportunidad para el trade latinoamericano

Para América Latina, el eventual giro cubano abre una ventana estratégica. Una mayor integración de Cuba al sistema turístico internacional podría:

  • Reconfigurar los flujos en el Caribe

  • Generar nuevas oportunidades de conectividad aérea regional

  • Impulsar alianzas entre operadores latinoamericanos y cadenas globales

  • Reactivar circuitos multidestino (Caribe + México + Centroamérica)

Al mismo tiempo, obligará a los destinos competidores a reforzar su propuesta de valor ante un eventual “regreso” de Cuba al radar global.

¿Reinicio o transición incierta?

La “Cubastroika” aún está lejos de consolidarse. La magnitud de la crisis —marcada por escasez, inflación y colapso productivo— implica que cualquier recuperación será lenta y compleja .

No obstante, el solo hecho de que el gobierno cubano contemple una apertura de esta escala marca un punto de inflexión. Para el sector turístico, históricamente uno de los más dinámicos de la isla, podría representar tanto un salvavidas como el inicio de una transformación estructural.

En definitiva, Cuba se enfrenta a una disyuntiva histórica: mantenerse en un modelo agotado o abrirse al mundo con el turismo como motor. El resultado no solo redefinirá su economía, sino también el equilibrio del mapa turístico regional.

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