El cierre parcial del gobierno federal de Estados Unidos —conocido como shutdown— ya empieza a sentirse en uno de los sectores más sensibles de su economía: la industria de los viajes y el turismo. Aeropuertos con demoras, parques nacionales cerrados y hoteles vacíos dibujan un panorama incierto que preocupa tanto a operadores locales como a viajeros internacionales.
Un país que se apaga… y un turismo que se frena
Cada vez que el Congreso estadounidense no logra aprobar un presupuesto federal, una parte del Estado “se apaga”. Miles de empleados públicos quedan suspendidos o deben trabajar sin salario, afectando desde museos hasta aeropuertos.
En esta ocasión, el impacto sobre los viajes es inmediato: la U.S. Travel Association estima pérdidas de más de mil millones de dólares por semana mientras dure la parálisis.
A nivel aéreo, la Administración Federal de Aviación (FAA) no puede contratar ni entrenar nuevos controladores, lo que agrava la escasez de personal en torres de control. Esto ya se traduce en retrasos y cancelaciones en varios aeropuertos del país, sobre todo en Nueva York, Atlanta y Chicago.
“Los vuelos siguen operando, pero con menos margen para errores. Si esto se prolonga, podríamos ver una reducción significativa en las operaciones”, advirtió la Air Traffic Controllers Association.
Parques y atracciones: puertas cerradas, perdidas abiertas
El turismo interno también sufre. Parques nacionales, monumentos y museos bajo administración federal operan con servicios mínimos o directamente cierran sus puertas. Esto golpea de lleno a comunidades que dependen del turismo, desde pequeños alojamientos hasta restaurantes familiares.
Ciudades como Flagstaff (Arizona), Jackson Hole (Wyoming) o Moab (Utah) —puertas de entrada a reservas naturales— registran fuertes caídas en la ocupación hotelera. “La incertidumbre desalienta al visitante, y el daño económico llega rápido”, advirtió la National Parks Conservation Association.
Hoteles y aerolíneas: el efecto dominó
El cierre gubernamental también provoca un efecto dominó en la cadena turística. Hoteles reportan pérdidas millonarias por reservas canceladas y empresas de turismo receptivo deben reorganizar itinerarios a contrarreloj.
Según la American Hotel & Lodging Association, el sector podría perder cientos de millones de dólares por semana si la situación se extiende.
Las aerolíneas, por su parte, enfrentan presiones similares. La falta de personal administrativo y la carga sobre agentes de seguridad de la TSA —que trabajan sin paga— amenazan con generar más demoras en los próximos días.
Turistas internacionales: incertidumbre y precaución
Para los viajeros extranjeros, el shutdown no implica el cierre de fronteras ni la suspensión de visados (los consulados siguen operando gracias a tasas autofinanciadas).
Sin embargo, las demoras, la menor disponibilidad de vuelos y la cancelación de servicios turísticos pueden alterar itinerarios de quienes viajen a Estados Unidos por turismo o conexión.
Los especialistas recomiendan flexibilidad en las reservas, evitar traslados con tiempos ajustados y contratar seguros de viaje que contemplen cancelaciones por causas ajenas al viajero.
Un espejo de vulnerabilidad
Más allá de su impacto inmediato, el shutdown expone la vulnerabilidad de un sector que representa el 2,9 % del PBI estadounidense y más de 15 millones de empleos directos e indirectos.
Cada semana de cierre no solo implica pérdidas económicas: también erosiona la confianza de millones de visitantes en el destino turístico más grande del mundo.
Conclusión: el viaje continúa, pero con turbulencias
Mientras las negociaciones políticas siguen en Washington, aerolíneas, hoteles y operadores turísticos intentan mantener el rumbo en medio de la tormenta.
El mensaje para los viajeros es claro: Estados Unidos sigue abierto, pero con cautela. Y el tiempo, en este caso, también es dinero.
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