El auge del turismo New Age a nivel global
New Age trata de movimientos occidentales espirituales, metafísicos o de auto-ayuda que surgen durante la segunda parte del siglo veinte. Los seguidores o practicantes de New Age, pueden hacer uso de una serie de tradiciones espirituales y religiosas teniendo como común denominador el énfasis en la interrelación y la unificación de la Mente, el Cuerpo y el Espíritu. Los seguidores de New Age tienen la tendencia de ver holísticamente el yo y por lo tanto se denomina también el movimiento del “Potencial Humano”
En medio de un auge de todo lo relacionado con el New Age el sector que no iba a quedarse atrás en el reparto de esa torta, es el turismo, apoderándose de una porción que hasta ahora pertenecía a la industria del wellness, quien se lo había arrebatado anteriormente al turismo de balnearios del siglo pasado y que conforman la nueva tentación para aquellos que, entre muchas frases, quieren conectar con la naturaleza, con lo espiritual, hacer una dieta détox o sanar por las vibraciones de un gong o de un didyeridú.
En esa conquista de un espacio del nuevo turismo espiritual y sanador, los emprendedores toman buena nota y readaptan su oferta a un mercado objetivo muy interesante, porque suele tener un nivel adquisitivo alto que les permite sentirse por unos días espiritualmente y con la conciencia más tranquila pagando por ello. ¡Cómo desaprovechar esta oportunidad!
En los últimos tiempos han aflorado nuevas etiquetas para establecimientos hoteleros como ecoresort, ecoluxury, retiro, etc. para poder identificar el producto de una manera más clara en un mercado que no para de crecer, fortalecido por una industria —sobre todo la literaria y la de formación— llena de gente de dudosa credibilidad. No se nos escapa que durante estos dos años de pandemia hemos tenido que asistir a charlatanes de todo tipo que decían tener el antídoto contra el virus o conocer cómo no contagiarse. Todos estos son los mismos, pero con distinta cara, a los que publican libros para la dieta alcalina anti-cáncer, positivismo ilustrado o la numerología.
Y es que la pseudociencia, uno de los cánceres de este siglo, es una fuente inagotable de desinformación e ignorancia de las que muchas personas hacen culto y defensa a ultranza sin más argumento que el de “solo lo puedes entender si crees”. No hay más que echar un vistazo a la prensa y darse cuenta hasta dónde ha llegado la New Age y, por ende, la pseudociencia a integrarse en nuestra sociedad, encontrado que hay hospitales integrando el reiki, una imposición de manos sin ningún aval científico, como parte de sus terapias “sanadoras”.
A estas alturas de clara crítica te preguntarás: ¿tiene algo que ver esto con el turismo? Evidentemente, sí. Si lo miramos desde el punto de vista positivo, es innegable que es mejor para el destino que su turismo se desarrolle por los derroteros de la espiritualidad, el contacto con la naturaleza, la salud o la sanación que ser el punto de encuentro del turismo de botellón. Pero del otro lado hay un debate ético: el de que no todo debería valer. Promover pseudoterapias para lucrarse de ingenuos y no tan ingenuos consumidores debería estar más regulado e incluso penado. Hoy en día cualquiera dice ser terapeuta de reiki a pesar de que es difícil entender cómo se puede enseñar a tener “poderes sanadores” con las manos y menos con un curso online.
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