
IA y turismo, ¿son un complemento indisoluble?
¿Pedirle a ChatGPT o alguno de sus homólogos que nos organice el viaje de vacaciones? ¡Claro!, ya hay quien lo ha intentado (con resultados desiguales, todo hay que decirlo). La IA ha irrumpido con fuerza también en el segmento del turismo, y no solo para el usuario que, desde casa, pretende que le resuelva dudas y gestiones, sino también para las agencias, plataformas y gestores de viajes, que ya la utilizamos cada vez más para ajustar propuestas, mejorar planes y agilizar procesos.
Organizar un viaje lleva tiempo, y son muchos los que aseguran hacerlo ya desde casa, por su cuenta y tecnología. Es una tarea que lleva tiempo y esfuerzo: elegir el destino, imaginar un itinerario, reservar billetes de transporte y alojamiento, buscar lugares para visitar, planificar actividades, comprobar horarios, tarifas… Así que, puesto que hoy en día casi todo es posible con la inteligencia artificial, ¿por qué no pedirle a ella que organice nuestras próximas vacaciones?
La IA es una herramienta tecnológica potentísima que busca, analiza, propone, ¡aprende!, y sin duda puede ahorrar mucho tiempo en la planificación de un viaje. Pero no es humana, ¿tendrá en cuenta que los niños se cansan si ponemos tres actividades seguidas?, ¿podremos estar seguros de que sus propuestas estarán actualizadas y serán completamente fiables? A día de hoy, la respuesta es que no siempre.
Por ejemplo, si le decimos que queremos un viaje con bajo presupuesto, puede recomendar comer en restaurantes locales para abaratar, pero difícilmente nos dirá en cuál de ellos, con nombre y dirección, algo que un experto local, por el contrario, sí puede hacer. Tengamos en cuenta, además, que la ‘sobreinformación’ de que dispone esta tecnología puede influir negativamente en sus respuestas. Porque lo cierto es que la personalización es una de las principales expectativas del viajero de hoy en día (hasta el 85% lo considera como algo positivo, según una encuesta que realizamos recientemente) y ahí, la IA todavía debe ser ‘ayudada’ por humanos, porque tiende a estandarizar las propuestas. Tampoco tiene conocimiento del terreno ni sensibilidad humana y puede proponer trayectos o actividades que no sean factibles. Además, dado que se basa únicamente en ciertas bases de datos en Internet y, especialmente, en los temas más documentados, sus propuestas tienden a ser muy similares de una persona a otra. Esto ocurre incluso si quien realiza la solicitud es muy específico, y en un momento de sobreexplotación turística como el actual, donde todo el mundo viaja al mismo lugar pero nadie quiere ser uno más entre la multitud, no es precisamente lo ideal.
La IA, en fin, es útil para hacer un borrador que nos aporte recomendaciones, ideas, consejos para que nuestro viaje sea más sostenible, incluso que nos ayude con las barreras lingüísticas si el lugar al que viajamos es remoto y de idioma incomprensible, pero siempre habrá que ajustarlo a mano. A día de hoy, siendo realistas, es más un complemento a nuestras investigaciones y planificaciones propias a la hora de realizar un viaje, y uno muy bueno, pero todavía no sustituye al conocimiento humano, la cercanía y la actualización (real) de un agente local, probablemente no lo haga nunca.
Inteligencia aplicada al negocio
En el terreno más corporativo, para las agencias y plataformas de viajes, la IA está resultando una herramienta que, verdaderamente, está cambiando las reglas del juego. Para nuestro sector la tecnología en general es hoy día la base del negocio y el medio que nos permite poner en contacto directo a los viajeros con los destinos, a veces destinos remotos, y con las agencias locales que, por sí solas, no tendrían la capacidad de llegar, ni siquiera a través de internet, a viajeros del otro lado del mundo.
En cuanto a la inteligencia artificial específicamente, ya la estamos utilizando primero a nivel interno, para proporcionar un primer nivel de análisis de datos como los viajes ya vendidos, propuestos y solicitados, y combinarlos con los partners locales, lo que nos permite ofrecer el/los mejor(es) itinerario(s) posibles para futuros viajeros. Por ejemplo, para un viaje romántico en pareja, la IA puede cruzar bases de datos de este tipo de viajes realizados en los últimos años, sus itinerarios y, mejor, los comentarios posteriores de los viajeros, para crear un viaje único y adaptado a las necesidades de cada nuevo cliente.
También para escribir y traducir (recordemos que en este trabajo la cantidad de idiomas que manejamos puede ser abrumadora) con más eficacia. Podemos decir que nosotros nos centramos en el fondo y la IA se encarga de la forma. Y de cara a los viajeros, nos permite ofrecer apoyo y asistencia individualizada a los viajeros, en particular a través de chatbots y asistentes virtuales. Pero no es quien confecciona los viajes ni quien resuelve problemas. Aún.
Eso no quiere decir que la tecnología vaya a parar ahí. A medida que siga avanzando, el impacto de la IA en el sector de los viajes crecerá exponencialmente. Al permitir a los agentes locales y a los actores del sector turístico descargar tareas automatizadas, les permitirá centrarse más en las personas, centrándose en proyectos de mayor valor añadido, como la creación de experiencias de viaje nuevas, más auténticas y sostenibles. En este último punto, por ejemplo, es concebible que, a medio plazo, pueda ayudar a, por ejemplo, hacer más accesibles las alternativas de viajes sostenibles: facilitando la propuesta de itinerarios alternativos, sugiriendo rutas menos intensivas en carbono o menos frecuentadas o teniendo en cuenta la estacionalidad, sin olvidar los deseos de los viajeros.
¿Viajaremos con IA en el futuro? Ya lo estamos haciendo.
Contenido ofrecido por Aurélie Sandler, co-CEO de Evaneos. Fuente: Smart Travel News