Meliá venderá activos en Caribe por valor de €120-200 millones
Meliá Hotels International se ha propuesto reducir deuda, más allá de los 180 millones de euros que la ha rebajado en 2022 gracias a la generación de caja. Con el fin de avanzar en esta “asignatura pendiente”, como la ha definido su vicepresidente ejecutivo y consejero delegado, Gabriel Escarrer, a esa generación de caja se sumará este año una “rotación de activos en el Caribe por valor entre 120 y 200 millones de euros”.
Gabriel Escarrer confía en “un buen desempeño para 2023”, a pesar de los malos augurios de que el mantenimiento de la inflación en niveles tan elevados pueda llegar a debilitar el consumo. Sin embargo, según ha constatado, “no vislumbramos ningún síntoma de enfriamiento de la demanda en el sector”.
Pero es que incluso, en el peor de los casos, “el liderazgo de Meliá en el segmento vacacional y en los establecimientos de categoría superior, los que están mostrando mejores comportamientos en tarifa y ocupación, haría que fuera de las compañías que menos sufriera ante un hipotético debilitamiento de la demanda”.
No en vano su apuesta por la mejora de su portfolio y por crecer con producto de alta gama, que representa el 87% de sus 59 hoteles y más de 14.000 habitaciones en proyecto, de manera que el 60% de su oferta ya se integra en sus marcas de lujo, potencia su resiliencia ante futuras incertidumbres.
A ello se suma el refuerzo de su estrategia de venta directa, “lo que nos permite controlar mejor los precios”, con su nueva web y sus servicios adicionales, por ejemplo para operar desde el móvil.
“La apuesta por la digitalización, unida a un nuevo modelo organizativo más ágil y eficaz, y a un estricto control de costes, han suavizado el impacto de la subida de la inflación”, según Gabriel Escarrer
Foco en el sudeste asiático
Su know-how, como ha añadido el directivo, “también representa una gran ventaja competitiva, tanto en los destinos donde ya estamos presentes como en los que queremos crecer: en el sudeste asiático, cuenca mediterránea y Caribe”.
Escarrer tiene claro el porqué de su foco en el sudeste asiático, dado que, al igual que la demanda embalsada en Estados Unidos contribuyó a la recuperación en la primavera del pasado año, justo después de Ómicron, primero en los destinos del Caribe y luego en Europa, para que posteriormente la europea ejerciera el mismo papel en verano, ahora le ha tocado el turno a la asiática.
Y es que, según ha detallado, “los cuatro países más restrictivos coinciden con los principales emisores de la región: China, de momento con un turismo eminentemente doméstico, pero que en mayo comenzará a viajar, coincidiendo con un festivo muy importante para el mercado chino, a destinos más relevantes de la zona -Vietnam, Tailandia, Indonesia y Camboya-, a donde ya están viajando desde Japón, Corea y Australia”.
Otra tendencia de la demanda invita al optimismo: la mayor antelación con la que se realizan las reservas en todos los mercados; ya que “si hasta hace dos meses la visibilidad era muy reducida, de mes y medio o dos meses, en las últimas semanas ya se están realizando más a medio plazo, con una media que alcanza el trimestre, también de cara al verano”.
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