Panamá impulsa un modelo de turismo regenerativo
Turismo regenerativo: el modelo en Panamá que empieza a captar la atención de los viajeros argentinos
El Proyecto Ecoturístico Klosay es un ejemplo concreto de cómo el turismo puede proteger la biodiversidad, fortalecer culturas originarias y generar ingresos directos para las comunidades, en línea con una demanda creciente entre los viajeros argentinos por experiencias más conscientes.
Buenos Aires, mayo de 2026.– En un escenario donde el turismo regenerativo deja de ser un concepto para convertirse en práctica, Panamá ofrece casos concretos que muestran cómo esta tendencia cobra vida en territorio. Uno de ellos es el Proyecto Ecoturístico Klosay, una iniciativa liderada por la comunidad indígena Ngäbe-Buglé que redefine el vínculo entre turismo, conservación y desarrollo local.
Ubicada en la comarca Ngäbe-Buglé, entre las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, la Cascada Klosay es una imponente caída de agua rodeada de selva virgen. Allí, cada experiencia turística es gestionada íntegramente por la comunidad, en un modelo donde los beneficios económicos permanecen en el territorio y fortalecen directamente a quienes lo habitan.
Así, los viajeros pueden acceder a propuestas diseñadas con propósito: recorridos guiados por senderos selváticos, aprendizaje sobre plantas medicinales y encuentros con la cultura local de la mano de guías de la comunidad. Más que una visita escénica, se trata de una experiencia inmersiva que pone en valor el conocimiento ancestral y promueve una conexión genuina con el entorno.
La iniciativa cuenta con el acompañamiento de la Autoridad de Turismo de Panamá, que impulsa proyectos de base comunitaria para garantizar que los ingresos derivados del turismo se traduzcan en desarrollo local y contribuyan a la protección de la biodiversidad. En este caso, la conservación del entorno natural es liderada por miembros de la comunidad que han habitado la zona por generaciones.
Lo que comenzó como un sitio natural poco visitado hoy se consolida como un modelo de turismo regenerativo en práctica, donde la preservación cultural, la autonomía económica y la protección ambiental avanzan de manera integrada.
En un contexto global en el que destinos y viajeros buscan generar un impacto positivo, este tipo de propuestas también comienza a resonar entre los viajeros argentinos, cada vez más interesados en experiencias auténticas, sostenibles y con impacto real en las comunidades locales.
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