Avanza la reserva agéntica pero aun sin agencias, comisiones ni grupos

La industria turística lleva meses imaginando un escenario en el que un agente de inteligencia artificial pueda buscar, comparar y reservar un hotel sin obligar al viajero a recorrer webs, metabuscadores y motores de reservas. Durante buena parte de 2026 esa idea ha ido dejando de ser una demostración tecnológica para convertirse en infraestructura real. Google ya permite iniciar reservas hoteleras desde AI Mode y el Universal Commerce Protocol, conocido como UCP, está desarrollando un estándar abierto para que plataformas de IA y proveedores turísticos puedan comunicarse mediante un lenguaje común.

El primer borrador específico para alojamiento fue incorporado al repositorio de UCP el 24 de septiembre y presentado oficialmente al día siguiente. Permite consultar disponibilidad y precios en tiempo real, registrar huéspedes, gestionar diferentes estructuras de pago y trasladar una reserva desde una sesión conversacional hasta su confirmación. El hotel o proveedor continúa siendo merchant of record, conserva la relación con el cliente y mantiene el control de la transacción.

Sobre el papel, es un paso importante hacia una distribución realmente agéntica. Pero una lectura más detallada del estándar, realizada por Alejandro Berdonces Corroto en Hospitality Net, pone sobre la mesa una ausencia llamativa: la especificación sabe cómo reservar una habitación, pero todavía no sabe cómo representar adecuadamente a una agencia de viajes ni buena parte del negocio de grupos.

El protocolo reconoce al huésped, pero no a la agencia que reserva por él

La cuestión apareció públicamente durante la revisión de la especificación. El 11 de septiembre, un participante señaló que la estructura destinada a identificar a quien realiza la reserva no incluía campos específicos para una agencia: no había nombre de agencia, número IATA ni identificador del agente. La respuesta del equipo que desarrolla la capacidad de alojamiento fue que esos casos estaban, por ahora, fuera del alcance de la primera versión.

La diferencia puede parecer menor desde un punto de vista técnico, pero comercialmente no lo es. Una agencia no es simplemente otro huésped que introduce los datos de otra persona. Puede reservar en nombre de un cliente, trabajar con tarifas negociadas, cobrar una comisión, operar bajo acuerdos comerciales específicos y mantener una relación propia con el establecimiento o con la cadena.

El problema se aprecia todavía mejor al examinar los actores que define actualmente UCP. El protocolo contempla plataforma, negocio, proveedor de credenciales y proveedor de pagos. Una OTA encaja relativamente bien porque vende directamente el producto y puede actuar como negocio dentro de ese esquema. Una agencia tradicional o una TMC que reserva en nombre de otra persona y obtiene una comisión o margen de intermediación no encuentra todavía un lugar igual de claro.

La palabra “commission” ni siquiera forma parte de la especificación actual de alojamiento. Sí aparece en debates abiertos alrededor del protocolo, donde diferentes participantes están intentando resolver cómo representar referidos, afiliación y compensación económica, pero todavía no existe una respuesta estandarizada.

Las OTA están sentadas en la mesa donde se está definiendo el estándar

La composición del Lodging Technical Council añade otra dimensión a la cuestión. El órgano responsable de diseñar y mantener el estándar está formado actualmente por representantes de Google, Booking.com, Expedia, Hilton, Marriott, Trip.com y Amadeus, además de cuatro plazas que siguen abiertas a organizaciones que quieran participar y contribuir al proyecto.

No significa que exista una intención de excluir a las agencias tradicionales. UCP es un proyecto abierto, el borrador continúa expresamente identificado como work in progress y sus responsables invitan a realizar propuestas y modificaciones. De hecho, la respuesta al comentario sobre las agencias señalaba que incorporar esos campos podría realizarse posteriormente como una modificación compatible con la arquitectura existente.

Pero la fotografía actual sí resulta significativa. Booking.com y Expedia participan directamente en la definición de la infraestructura que puede determinar cómo reservarán los agentes de IA, mientras las agencias tradicionales, tour operadores y travel management companies no cuentan por ahora con una representación equivalente dentro del consejo.

Eso importa porque los estándares tecnológicos no se limitan a describir mercados. También ayudan a definirlos. Si una característica se incorpora desde el principio, acaba convirtiéndose en parte natural del flujo. Si no existe en el modelo de datos, cualquier empresa que la necesite tendrá que construir excepciones, extensiones o soluciones propietarias.

La reserva agéntica se encuentra todavía en una fase suficientemente temprana como para que estas decisiones puedan modificarse. Pero precisamente por eso el momento actual resulta especialmente importante.

El negocio de grupos plantea un problema todavía mayor

La segunda gran limitación aparece cuando se intenta utilizar esta arquitectura para reservas de grupos.

El borrador de UCP puede trabajar con diferentes huéspedes, separar la persona que realiza la reserva de quienes se alojarán e incluso gestionar estructuras complejas de depósitos y pagos diferidos. No es, por tanto, un sistema concebido únicamente para una persona que reserva una habitación durante dos noches.

Lo que todavía no modela son conceptos básicos del negocio de grupos como room blocks, allotments, attrition, cutoff dates o rooming lists. La ausencia no responde simplemente a que falte añadir unos cuantos campos. El problema está en que una reserva de grupo funciona de forma estructuralmente distinta a una compra individual.

Una reserva convencional puede comenzar y terminar dentro de una misma sesión. El consumidor selecciona habitación, confirma condiciones, introduce los datos y paga o garantiza la estancia. En un grupo, las condiciones pueden negociarse semanas o meses antes; el hotel bloquea inventario; existe una fecha límite para liberar habitaciones no utilizadas; los nombres pueden llegar progresivamente y las penalizaciones dependen del nivel final de ocupación.

El producto, en definitiva, no es únicamente una habitación. Es una relación contractual que evoluciona en el tiempo.

Y eso resulta mucho más difícil de convertir en una transacción agéntica estandarizada.

Hilton marca actualmente la frontera en 25 habitaciones

La propia industria sigue trazando una frontera bastante clara entre reservas que pueden resolverse mediante autoservicio y aquellas que necesitan entrar en un proceso comercial específico. Hilton permite reservar y confirmar online bloques de hasta 25 habitaciones. Por encima de esa cifra, dirige al cliente hacia el hotel o hacia un formulario de solicitud de precios.

No es una limitación tecnológica arbitraria. A partir de determinado volumen comienzan a aparecer condiciones negociables que una reserva convencional no suele necesitar: descuentos por volumen, espacios para reuniones, catering, cancelaciones parciales, depósitos escalonados, liberación de inventario y condiciones comerciales específicas.

Mirai ofrece otro ejemplo interesante desde la venta directa hotelera. Su asistente conversacional Sarai incorporó este verano la posibilidad de gestionar reservas multi-room mediante lenguaje natural en webchat, WhatsApp, email, Instagram y teléfono. La compañía señala además que este tipo de operaciones representa alrededor del 9% de las reservas pero genera el 18% de los ingresos en los hoteles analizados.

Sin embargo, Mirai reconoce igualmente que, a medida que aumenta el número de habitaciones, algunas solicitudes dejan de comportarse como una simple reserva múltiple y empiezan a convertirse en oportunidades de grupo que necesitan ser gestionadas comercialmente por el hotel.

La IA puede detectar la oportunidad, recopilar la información y acelerar enormemente el proceso. No significa necesariamente que pueda cerrarlo de manera autónoma.

El negocio de grupos tampoco es un caso marginal

Resultaría fácil considerar esta ausencia como un problema de nicho mientras la industria consigue automatizar primero el enorme volumen de reservas individuales. Los datos muestran, sin embargo, que el segmento tiene suficiente peso económico como para no poder mantenerse indefinidamente fuera de estas arquitecturas.

Marriott sitúa el negocio de grupos alrededor de una cuarta parte de sus noches globales en algunos periodos. En sus últimos resultados completos, el grupo continuaba siendo una parte fundamental de su mezcla de demanda y mantenía crecimiento tanto en volumen como en tarifas.

La importancia es aún mayor para hoteles urbanos, upper upscale, lujo, resorts con infraestructura MICE y establecimientos dependientes de congresos y eventos. En estos casos, enseñar a un agente de inteligencia artificial únicamente a reservar habitaciones individuales significa automatizar solo una parte de la distribución.

Existe además una peculiaridad especialmente relevante: el grupo suele generar ingresos bastante más allá de la habitación. Salones, alimentos y bebidas, audiovisuales, upgrades, actividades y otros servicios forman parte de una negociación que no puede representarse mediante una simple tarifa multiplicada por el número de habitaciones.

La reserva agéntica tendrá que aprender en algún momento a entender contratos, condiciones y relaciones comerciales, no solo inventario.

Los planificadores ya están utilizando IA aunque la reserva no esté automatizada

La ausencia de grupos dentro del protocolo no significa que la inteligencia artificial esté ausente del segmento. Al contrario, los profesionales que organizan eventos se encuentran entre los usuarios que más rápidamente están incorporándola.

El 2026 Global Cvent Planner Sourcing Report, elaborado a partir de más de 1.650 planificadores de seis regiones, concluye que tres de cada cuatro utilizan ya inteligencia artificial en alguna parte del proceso de búsqueda y selección de espacios. El 43% la emplea para descubrir y seleccionar venues, el 41% para analizar datos de asistentes y encontrar la mejor alternativa y el 40% para comparar propuestas recibidas.

Más del 60% esperaba además incrementar ese uso durante 2026.

La tecnología está entrando, por tanto, alrededor de la transacción antes de entrar plenamente dentro de ella. La IA puede crear listas iniciales de hoteles, analizar requisitos, comparar propuestas, resumir RFP, detectar diferencias entre contratos o preparar recomendaciones. También puede ayudar posteriormente al hotel a administrar bloques de habitaciones, actualizar inventario o automatizar tareas administrativas.

Lo difícil continúa siendo el momento en que ambas partes negocian y convierten todo ese proceso en un compromiso contractual.

En grupos, la IA puede automatizar el trabajo sin automatizar la negociación

Esta distinción puede resultar especialmente importante para entender cómo llegará la IA agéntica al negocio hotelero. Existe una tendencia a imaginar el futuro como una sustitución completa de los procesos actuales: el agente del comprador contacta con el agente del hotel, ambos negocian automáticamente y la operación se firma sin intervención humana.

Es posible que lleguemos allí, pero la evolución probablemente será más gradual.

Un hotel puede utilizar ya inteligencia artificial para detectar qué bloques están cerca de su fecha de corte, identificar reservas pendientes de nombre, comprobar si un grupo está alcanzando el pickup esperado o avisar a un responsable comercial de posibles incumplimientos. Del lado del comprador, un agente puede comparar propuestas, revisar condiciones, localizar discrepancias o preparar alternativas.

La automatización reduce el trabajo que existe alrededor del acuerdo, aunque el acuerdo continúe siendo gestionado por personas.

Cvent describe precisamente la gestión de bloques de habitaciones como una de las áreas con mayor fricción dentro del negocio de grupos y está desarrollando herramientas para automatizar parte de ese trabajo. Su plataforma Passkey conecta reservas de asistentes, PMS y bloques para reducir la introducción manual de datos y mantener actualizado el pickup.

El objetivo no tiene por qué ser eliminar al profesional que negocia. Puede ser proporcionarle una infraestructura que elimine cientos de tareas administrativas que actualmente rodean esa negociación.

El gran problema de los grupos es que el tiempo forma parte del producto

La diferencia fundamental entre una reserva transitoria y un grupo puede resumirse en una variable que las plataformas digitales tienden a tratar mal: el tiempo.

Una reserva individual tiene una fecha de llegada y una de salida, pero comercialmente suele cerrarse en el momento de la compra. Un grupo tiene una vida propia antes de la estancia. Puede comenzar con una solicitud, continuar con varias rondas de negociación, convertirse en un contrato, evolucionar durante meses mediante pickup y finalizar bastante después del evento con facturación y conciliación.

Durante ese periodo pueden incorporarse o desaparecer asistentes, modificarse categorías, cambiar horarios, reducirse bloques, ampliarse servicios y activarse penalizaciones.

La propia especificación actual de UCP está orientada fundamentalmente a una sesión de reserva. Una vez completada, el registro se convierte en una reserva gestionada y buena parte de los procesos posteriores quedan todavía fuera de esta primera versión del estándar.

Para automatizar grupos, una arquitectura agéntica necesitará representar no únicamente el estado actual de una reserva, sino la evolución de un compromiso comercial durante meses.

Eso implica memoria persistente, estados contractuales, autorizaciones, reglas, fechas límite y capacidad para actuar en función de acontecimientos futuros.

La próxima frontera puede estar en convertir contratos en datos

Aquí aparece una oportunidad especialmente interesante para los hoteles. Buena parte de las condiciones que gobiernan actualmente grupos, reuniones y eventos continúa atrapada en contratos, PDFs, emails y documentos diseñados para que los lean personas.

Un agente no puede trabajar bien con un concepto como attrition si cada hotel lo expresa de una manera diferente en una cláusula de tres párrafos. Lo mismo sucede con fechas de corte, depósitos, penalizaciones, gratuidades, horarios, políticas de cancelación o comisiones.

Para que la IA pueda gestionar realmente este negocio, buena parte de esas condiciones tendrá que convertirse en datos estructurados y legibles por máquinas.

La situación recuerda al proceso que atravesó la distribución hotelera con tarifas y disponibilidad. Antes de la normalización tecnológica, compartir inventario entre hoteles y distribuidores exigía multitud de conexiones específicas. CRS, channel managers y estándares de distribución transformaron progresivamente esa información en estructuras que los sistemas podían interpretar automáticamente.

El negocio de grupos puede estar acercándose a un proceso parecido.

La diferencia es que aquí el producto resulta considerablemente más complejo.

El estándar tampoco ha resuelto todavía quién cobra la comisión

El papel de la intermediación plantea otra pregunta incómoda. Si una inteligencia artificial descubre un hotel, consulta disponibilidad y completa la reserva directamente con el establecimiento, ¿qué ocurre con la comisión que tradicionalmente recibe una agencia que ha generado, asesorado o gestionado esa operación?

UCP todavía no ofrece una respuesta general.

La arquitectura actual está diseñada alrededor de la idea de que una plataforma facilita una transacción y un negocio vende. Eso funciona razonablemente bien cuando Google conecta a un viajero con Marriott o cuando una OTA actúa directamente como vendedor. Encaja peor cuando existen múltiples intermediarios con derechos económicos diferentes sobre la misma operación.

El problema no afecta únicamente a las agencias tradicionales. Afiliados, creadores, comparadores, redes de fidelización, TMC y otros distribuidores pueden reclamar algún tipo de atribución o compensación cuando participan en el proceso que termina generando una reserva.

En agosto apareció ya dentro de la comunidad de UCP una propuesta específica para estandarizar la compensación por referidos dentro del comercio agéntico. Que la discusión exista demuestra que el problema está identificado, pero también que todavía no se ha consolidado una solución.

La reserva agéntica necesita resolver no solo cómo compra una máquina, sino también cómo se reparte el valor entre todos los actores que han participado en la venta.

Para las agencias hay un riesgo, pero también una oportunidad

La reacción más sencilla sería interpretar estas primeras especificaciones como una amenaza de desintermediación. Si Google, Gemini o cualquier otro agente pueden consultar directamente el inventario de un hotel y completar la reserva, parece razonable preguntarse qué función queda para una agencia.

Sin embargo, esa conclusión confunde la reserva con el servicio de intermediación.

En productos sencillos, la presión será evidente. Si un viajero únicamente necesita tres noches en Madrid y sabe exactamente dónde quiere alojarse, buena parte del trabajo tradicional de búsqueda, comparación y transacción puede automatizarse. El agente de IA será cada vez más capaz de ejecutar esa tarea con muy poca intervención.

La situación cambia cuando aparecen complejidad, negociación, incidencias o responsabilidad. Un viaje corporativo, un grupo escolar, un incentivo, una convención o una operación con cientos de pasajeros incluye decisiones y riesgos que van mucho más allá de introducir una tarjeta en un motor de reservas.

La observación de Berdonces resulta especialmente pertinente: cuando un grupo pierde tres participantes pocos días antes de salir, no basta con borrar tres nombres. Puede ser necesario reorganizar habitaciones, plazas de transporte, guías, comidas y servicios contratados.

Ese trabajo constituye parte del valor del intermediario.

La inteligencia artificial probablemente automatizará gran parte de su ejecución. No necesariamente eliminará la responsabilidad de quien debe garantizar que todo continúe funcionando.

Los agentes de viajes humanos podrían terminar gestionando agentes artificiales

La evolución puede llevar, de hecho, hacia una transformación del trabajo de las propias agencias. En lugar de realizar manualmente cada búsqueda, enviar cada email y comparar cada propuesta, el profesional puede convertirse en supervisor de una colección de agentes especializados.

Uno puede buscar proveedores; otro comparar precios; otro revisar condiciones contractuales; otro vigilar plazos y otro comprobar cambios antes de la salida. El agente humano mantiene las decisiones, relaciones y excepciones mientras las máquinas absorben el trabajo repetitivo.

Es una dinámica muy parecida a la que empieza a aparecer dentro de hoteles y grandes empresas turísticas. La adopción de IA no elimina necesariamente al profesional experto; puede aumentar el número de operaciones que cada profesional es capaz de gestionar.

La verdadera amenaza para una agencia probablemente no sea que exista un agente artificial, sino que un competidor combine mejor que ella agentes artificiales con conocimiento humano especializado.

El viajero tampoco está preparado para entregar todo el control

Existe además otro límite que normalmente desaparece en las demostraciones tecnológicas: la confianza.

Los sistemas agénticos pueden reducir drásticamente la fricción de reservar un viaje, pero completar una transacción de cientos o miles de euros implica una responsabilidad diferente a pedir una recomendación. La industria continúa debatiendo hasta qué punto los consumidores permitirán que una IA actúe autónomamente sobre su dinero y sus planes.

Hospitality Net preguntaba esta misma semana a diferentes especialistas si la reserva agéntica llegará realmente a alcanzar masa crítica. Parte de las respuestas apunta a su enorme potencial para simplificar la planificación y eliminar pasos innecesarios, mientras otras recuerdan que el viajero puede seguir necesitando fotografías, comprobaciones visuales, confianza en una marca y control explícito antes de confirmar operaciones importantes.

Los errores actuales de los asistentes tampoco ayudan. Información desactualizada sobre hoteles, restaurantes cerrados, políticas incorrectas o requisitos de entrada mal interpretados pueden resultar inconvenientes cuando se está planificando un viaje, pero convertirse en problemas mucho más graves cuando un agente está autorizado para actuar.

La tecnología está avanzando rápidamente. La confianza probablemente lo hará de una manera bastante más gradual.

El UCP todavía es un borrador, y eso es precisamente lo importante

Conviene no convertir las limitaciones actuales en una sentencia definitiva sobre el futuro de la distribución. La especificación de alojamiento sigue identificada oficialmente como Draft – Work in Progress y sus responsables advierten expresamente de que modelos de datos y flujos pueden cambiar antes de convertirse en una versión estable.

Además, el propósito del Lodging Technical Council va mucho más allá de esta primera capacidad. Su hoja de ruta incluye descubrimiento, fidelización, ofertas, descuentos, upselling y otros componentes necesarios para construir recorridos turísticos completos. Google comenzará utilizando UCP para impulsar reservas hoteleras dentro de AI Mode, pero el protocolo está concebido como un estándar abierto que otras plataformas y empresas pueden adoptar.

El primer objetivo lógico ha sido solucionar el caso más sencillo y de mayor volumen: transformar una habitación previamente seleccionada en una reserva confirmada utilizando precios y disponibilidad reales.

Agencias, grupos y negociación comercial vienen después.

La cuestión es quién participará en la definición de ese “después”.

Las cuatro sillas vacías pueden ser más importantes de lo que parecen

El Lodging Technical Council cuenta actualmente con cuatro puestos todavía abiertos. La especificación acepta además contribuciones públicas y su repositorio muestra continuamente discusiones sobre nuevas capacidades.

Para agencias, tour operadores, TMC y asociaciones empresariales existe por tanto una ventana de oportunidad poco habitual. En lugar de esperar a que los agentes de inteligencia artificial lleguen al mercado y adaptarse posteriormente a unas reglas diseñadas por otros, pueden participar ahora en la construcción de esas reglas.

El reto no consiste únicamente en pedir un campo llamado “agencia”. El sector necesita definir qué información debe viajar con una reserva, cómo se identifica al intermediario, cómo se expresa una comisión, cómo se representan tarifas negociadas, quién puede modificar una operación, cómo se trasladan las condiciones de grupos y qué sucede cuando existen contratos acordados fuera de la plataforma.

Son problemas aburridos comparados con una demostración de un chatbot que reserva un hotel en diez segundos.

Pero probablemente sean bastante más importantes.

La próxima batalla de la distribución se está escribiendo en los estándares

Durante décadas, buena parte de la distribución turística se construyó alrededor de interfaces visibles: páginas web, aplicaciones, metabuscadores y motores de reservas. La llegada de los agentes desplaza parte de esa competencia hacia una capa mucho menos visible, donde protocolos y estructuras de datos determinan qué puede hacer una máquina y con quién puede hacerlo.

UCP representa precisamente esa nueva infraestructura. Si funciona, un asistente podrá hablar con numerosos hoteles y distribuidores utilizando una arquitectura común, del mismo modo que los estándares anteriores facilitaron el intercambio automatizado de inventario y tarifas.

Su primera versión para alojamiento muestra también los límites de esa transformación. Reservar una habitación puede convertirse rápidamente en una operación estandarizada entre máquinas. Representar relaciones comerciales construidas durante décadas resulta bastante más complicado.

Agencias, comisiones, grupos, contratos y negociación todavía no encajan bien en esa conversación.

No porque la inteligencia artificial sea incapaz de entenderlos, sino porque la industria todavía no ha decidido cómo convertirlos en un lenguaje que las máquinas puedan compartir.

Y esa puede ser una de las discusiones más importantes de la distribución hotelera durante los próximos años.

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