¿Estamos ante una nueva generación de ferias de turismo?
De los grandes stands de destinos a las plataformas globales de negocios. Las ferias de turismo atraviesan una transformación que puede estar dando lugar a una nueva generación de encuentros profesionales, donde el volumen deja paso a la calidad, el matchmaking, el conocimiento y la tecnología.
Durante décadas, las grandes ferias de turismo fueron una cita casi obligada para destinos, hoteles, aerolíneas, operadores, agencias de viajes y empresas de servicios.
Berlín, Londres, Madrid, Buenos Aires, São Paulo, Bogotá o Ciudad de México se convirtieron en puntos de encuentro de una industria que, a medida que se globalizaba, necesitaba también espacios para conectarse.
Pero el modelo está cambiando.
La pregunta que comienza a instalarse es si estamos entrando en una nueva generación de ferias de turismo.
De mostrar destinos a generar negocios
Las primeras grandes ferias internacionales tenían una lógica relativamente sencilla: reunir en un mismo espacio a países y empresas para mostrar su oferta turística.
El crecimiento de los viajes internacionales hizo que esos encuentros fueran adquiriendo una dimensión cada vez mayor.
ITB Berlín es uno de los mejores ejemplos de esa evolución. Su primera edición, en 1966, reunió apenas nueve expositores de cinco países. Con el paso de las décadas se convirtió en uno de los grandes acontecimientos mundiales de la industria turística.
WTM Londres y FITUR Madrid siguieron caminos similares y consolidaron un modelo en el que la feria dejó de ser solamente un escaparate para convertirse también en un lugar donde se negocia, se firma, se aprende y se construyen relaciones.
En América Latina, ese proceso tuvo sus propios protagonistas.
FIT Buenos Aires, WTM Latin America en São Paulo, ANATO en Bogotá, ABAV Expo en Brasil, Tianguis Turístico en México, FESTURIS en Gramado y TravelMart LatinAmerica, entre otros encuentros, fueron construyendo un calendario regional cada vez más amplio.
Cada uno con su identidad, su público y sus objetivos.
El tamaño ya no parece ser suficiente
Durante años, uno de los principales indicadores para medir el éxito de una feria fue la cantidad de visitantes.
Pero la industria comenzó a hacerse una pregunta diferente:
¿Cuántos de esos visitantes realmente pueden generar negocios?
La respuesta está modificando el concepto de feria.
Hoy cobran cada vez más importancia los compradores profesionales, los sistemas de matchmaking, las reuniones previamente agendadas y la identificación precisa del perfil de cada participante.
La cantidad sigue siendo importante, pero comienza a competir con otro concepto: la calidad.
Es precisamente uno de los ejes que plantea ITB Américas, que debutará en Guadalajara.
Vicente Salas Hesselbach, director general de ITB Américas, lo explica con claridad: la organización prefiere tener menos compradores, pero que sean verdaderos tomadores de decisiones y tengan un objetivo concreto de compra.
“Prefiero tener 200 o 250 compradores de una calidad inmejorable (...) antes que tener 400 compradores solamente para rellenar números.”
La lógica es sencilla: para un expositor, 30.000 visitantes pueden ser menos relevantes que 200 compradores realmente interesados en su producto.
La feria como plataforma de conocimiento
La transformación tampoco pasa únicamente por los negocios.
Las grandes ferias incorporaron progresivamente congresos, foros, debates y espacios de capacitación.
El objetivo es que el profesional no vaya solamente a buscar clientes o proveedores, sino también a entender hacia dónde se dirige la industria.
La inteligencia artificial es, en este sentido, uno de los grandes protagonistas de la nueva generación de encuentros.
ITB Américas, por ejemplo, tendrá un programa específico sobre IA y utilizará inteligencia artificial para generar subtítulos en castellano de sus conferencias en inglés.
La tecnología deja así de ser solamente un tema del que se habla en las ferias para convertirse también en una herramienta utilizada por las propias ferias.
Del stand al ecosistema
Quizás uno de los cambios más profundos sea conceptual.
La feria tradicional tenía como protagonista al stand.
La nueva feria comienza a tener como protagonista al ecosistema.
Destinos, hoteles, aerolíneas, operadores, tecnología, distribución, compradores, startups, medios de comunicación y expertos conviven durante varios días en un mismo espacio.
El objetivo ya no es solamente “estar”.
Es conectar.
Y esa conexión puede producirse en una reunión comercial, una conferencia, una presentación, una conversación informal o incluso a través de una plataforma tecnológica de matchmaking.
América Latina, un mercado con espacio para nuevos modelos
La región tiene además una característica particular: es un mercado turístico enorme, pero geográficamente fragmentado.
México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú y el resto de los mercados latinoamericanos tienen necesidades y perfiles diferentes, mientras que Estados Unidos y Canadá representan enormes mercados emisores.
En ese contexto, la aparición de nuevos modelos de ferias plantea una pregunta interesante.
¿Puede América Latina convertirse en el escenario de una nueva generación de encuentros internacionales?
ITB Américas apuesta precisamente por ese concepto.
La organización sostiene que busca construir una feria “en las Américas, de las Américas, para las Américas, conectándola con el mundo”.
Y allí aparece otro elemento diferenciador: no se trata solamente de organizar una feria en México, sino de utilizar México como punto de conexión para compradores y vendedores de todo el continente.
¿Competencia o complementariedad?
La aparición de nuevos eventos también obliga a repensar el calendario.
Las grandes ferias internacionales conviven con encuentros regionales, nacionales y especializados.
Tianguis Turístico, por ejemplo, tiene una identidad muy definida alrededor de la comercialización del producto mexicano. ITB Américas plantea, en cambio, una propuesta internacional y panamericana.
En palabras de Salas:
“Nuestra feria vende el mundo.”
La diferencia puede ser importante.
Porque quizás el futuro no pase por tener una única gran feria, sino por contar con ferias diferentes para necesidades diferentes.
La nueva métrica: volver
Hay, finalmente, un indicador que puede ser mucho más importante que el número de visitantes: cuántos quieren regresar al año siguiente.
Ese es justamente el objetivo que plantea ITB Américas.
“No me importa que haya 5.000 asistentes o que haya 40.000 asistentes”, sostiene Salas. Lo importante, afirma, es que los participantes estén satisfechos, hagan buenos negocios y quieran volver.
Es una definición que resume bastante bien el cambio de paradigma.
Durante mucho tiempo, una feria quería ser la más grande.
La nueva generación quizás quiera ser la más útil.
Y esa diferencia puede terminar siendo mucho más importante.
¿Estamos ante una nueva generación?
Probablemente todavía sea demasiado pronto para afirmarlo.
Pero hay señales claras: más tecnología, más datos, compradores mejor seleccionados, matchmaking, contenidos independientes, inteligencia artificial, networking y una creciente presión para demostrar resultados concretos.
Las ferias de turismo ya no son solamente lugares donde la industria se muestra.
Son espacios donde la industria se encuentra, negocia, aprende y se transforma.
Quizás esa sea, precisamente, la próxima etapa de su evolución.
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