El Flex living gana espacio como nuevo alojamiento en América Latina
- El flex living deja de ser un fenómeno exclusivamente asociado a jóvenes y nómades digitales y comienza a atraer a adultos mayores que buscan flexibilidad, servicios, vida social y la posibilidad de vivir temporalmente en diferentes destinos.
El flex living comienza a consolidarse en América Latina como una nueva alternativa dentro del ecosistema de alojamiento, impulsada por cambios en los hábitos de viaje, el crecimiento del trabajo remoto y la búsqueda de estadías más flexibles, especialmente entre viajeros jóvenes, profesionales y nómades digitales.
El concepto combina características de un hotel, un departamento temporario y una residencia compartida: unidades amuebladas, servicios incluidos, espacios comunes y contratos que pueden adaptarse a estadías de días, semanas o meses. La propuesta apunta a un viajero que ya no necesariamente piensa en términos de “hotel o departamento”, sino en cómo vivir y trabajar temporalmente en un destino.
Una oportunidad para las ciudades latinoamericanas
El fenómeno encuentra terreno fértil en ciudades como Buenos Aires, Ciudad de México, Medellín, Bogotá, São Paulo, Santiago y Montevideo, donde existe una combinación de actividad corporativa, turismo internacional, comunidades de trabajadores remotos y una creciente demanda de alquileres temporarios.
Para los operadores, además, el modelo permite diversificar la oferta y aprovechar activos inmobiliarios con una lógica diferente a la hotelería tradicional. La posibilidad de adaptar la duración de las estadías genera un producto especialmente atractivo para quienes necesitan mayor permanencia, pero no quieren asumir los costos o la rigidez de un alquiler convencional.
Del business travel al bleisure
Uno de los principales motores del flex living es la transformación del business travel. Los viajes corporativos son cada vez menos lineales: una persona puede viajar por trabajo durante algunos días, extender su estadía para hacer turismo o incluso trasladarse temporalmente a otra ciudad mientras mantiene su actividad profesional.
En ese contexto, el llamado bleisure —la combinación de business y leisure— se conecta naturalmente con el flex living. El huésped busca conectividad, comodidad, espacios de trabajo, cocina, servicios y una ubicación que le permita integrarse a la vida urbana.
Una nueva competencia para la hotelería
El crecimiento del flex living también plantea un desafío para la industria hotelera. No se trata necesariamente de reemplazar al hotel tradicional, sino de competir por un segmento que prioriza flexibilidad, espacio y experiencia residencial.
Para las cadenas y operadores turísticos, el fenómeno abre una pregunta estratégica: ¿cómo capturar a un viajero que puede permanecer 15, 30 o 60 días en un destino y que demanda una combinación de servicios hoteleros y sensación de hogar?
América Latina todavía está en una etapa de desarrollo de este mercado, pero las condiciones parecen estar dadas para que el modelo gane protagonismo. La evolución del trabajo, los viajes y la movilidad internacional está generando una nueva categoría de consumidor: personas que no solo viajan a un destino, sino que quieren vivir temporalmente en él.
Y allí, el flex living tiene una oportunidad concreta de convertirse en uno de los nuevos protagonistas del alojamiento en la región.
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